Una ciudad no está hecha solamente de edificios. También se compone por los olores que reconocemos al caminar por sus calles, por los sabores que aprendimos en casa, de los lugares donde se encontraron generaciones enteras y de aquellas construcciones que, aún cuando parecen silenciosas, todavía tienen algo para contar. Según Silvia Fajre, esas pequeñas y grandes huellas definen al patrimonio.
La arquitecta, planificadora urbana y especialista en gestión del patrimonio cultural llegó a Tucumán para brindar la charla “Conocer, proteger y gestionar nuestro patrimonio”. Allí, planteó una mirada que se aleja de la idea del patrimonio como algo viejo e intocable, porque según su mirada, conservar también puede significar habitar, transformar y volver a darle vida a aquello que una ciudad recibió de las generaciones anteriores.
Cómo proteger el patrimonio cultural de Tucumán y evitar que se pierda- Cuando hablamos de patrimonio, ¿estamos hablando de algo mucho más amplio que de edificios históricos?
- Una de las cosas más interesantes del fenómeno del concepto de patrimonio es que se ha extendido de una manera exponencial. Hoy el patrimonio ya no se concibe solamente como las cosas viejas, las cosas estéticas o las cosas económicamente importantes. De pronto, una herramienta puede ser algo muy significativo porque nos trae un mensaje de otra generación, nos explica un fenómeno de la comunidad y nos permite entender esa comunidad. Entonces pasa a ser valiosa. No es estética, no es económicamente valiosa y, a lo mejor, tampoco es artística. Sin embargo, esa herramienta nos dice mucho más que quizás un elemento artístico. Por ejemplo, en la cultura andalusí se hacían operaciones de cataratas y se encontraron herramientas utilizadas para esas intervenciones. Ese conocimiento desapareció durante 1.000 años y después volvió a aparecer. A través de esas herramientas o instrumentos médicos podemos saber que ese conocimiento existía en la España medieval. Si no, nunca lo hubiéramos sabido. Hubo un cambio de concepto, no solamente en la ampliación de aquello que consideramos patrimonio, sino también en la mirada de ese sistema y cómo funciona. Hoy yo creo que el territorio es una trama donde se insertan todos los tipos de patrimonio. Allí está la comunidad, que lo vive, lo acrecienta y, de alguna manera, lo interpreta.
- ¿Por qué el patrimonio debería ser una preocupación de quienes planifican una ciudad y no solamente de historiadores o arquitectos?
- Yo me animaría a decir que el patrimonio es absolutamente estratégico porque nos ubica en el mundo, nos da un diferencial, nos distingue de alguna manera y nos permite reconocernos en quiénes somos. Desde un lugar de conocimiento y de autovaloración, te posicionás para articular en el mundo. Si no, te posicionás de una manera en la que sos un mero consumidor de lo que produce otra gente. Y agregaría que una ciudad sin patrimonio es una ciudad sin alma. Por lo que debemos hacer que además tenga sonidos, olores, formas de comer, formas de usarla, que nos haga reconocerla, quererla y saber que ese es nuestro hogar.
-¿Puede una ciudad conservar su patrimonio mientras se transforma y crece?
- Una de las cosas en las que voy a insistir mucho es que el patrimonio no es una antítesis del desarrollo. Justamente, una de las cosas que tenemos que pensar es cómo nos desarrollamos. Francia, por ejemplo, decidió que toda su construcción moderna fuera hacia la periferia y conservar el centro de la ciudad tal cual era. Hay una enorme valoración de esa edificación porque la cuestión no es tener muchos metros, sino tener calidad de metros. Entonces, una de las cosas que uno tiene que pensar, hablando ya de lo edilicio, es que tenemos que construir ciudades más sustentables. La sustentabilidad no es demoler, ir cada vez más hacia la periferia y abandonar las zonas que fueron el centro de una ciudad. Es justamente revitalizarlas y permitir que esa ciudad se reinvente con la mejor capacidad para la habitabilidad de los ciudadanos. Y esto significa que no necesariamente hay que construir de nuevo. Lo que puede ofrecer una ciudad con su viejo patrimonio es una calidad ambiental y habitacional quizás de mejor calidad que una construcción nueva. No es para todo el mundo, pero la ciudad tiene que ofrecer distintos nichos en los cuales la ciudadanía se sienta cada vez mejor.
Museo Folklórico: el patrimonio musical que resguarda una casona colonial- ¿Quién decide qué es patrimonio y qué no?
- Yo pienso que cada generación decide qué proteger y cada comunidad decide qué proteger. Por eso es tan importante el trabajo que ustedes hacen de difusión, porque es cuestión de que escuchemos qué quiere proteger el tucumano, por qué le parece importante y para qué lo quiere usar. Creo que los técnicos podemos ayudar a mirar nuevamente cosas que a veces están invisibilizadas o mostrar cómo se podrían usar, pero es la comunidad quien decide. Obviamente está la Unesco, que decide qué es Patrimonio de la Humanidad y, de alguna manera, eso requiere todo un procedimiento y un trámite. Pero a veces nosotros no necesitamos que nos digan qué es Patrimonio de la Humanidad para cuidar algo.
- ¿Dónde está el límite entre conservar una ciudad y convertirla en una especie de museo?
- Yo no creo en la museografía o la museología de un barrio. Creo que el patrimonio es para ser habitado, disfrutado y mantenido. Y me animaría a decir que muchas de las casas que uno protege, en términos económicos y ecológicos, son mucho mejores que una construcción nueva por la cantidad y el tipo de materiales, por la inercia térmica, por la altura, por la historia. Se ha demostrado que es mucho más sustentable recuperar ese stock físico que ya tenés y adecuarlo a las necesidades de hoy. No tenemos por qué hacer que alguien que viva en una casa patrimonial viva mal. Todo lo contrario. Se puede actualizar. Podemos ver, por ejemplo, cómo se actualizó tecnológicamente el teatro Colón o cómo se le puso un uso nuevo a la Usina del Arte, donde había una oficina abandonada y se encontró un nuevo uso que permitió recuperar su valor y, al mismo tiempo, permitió que hoy miles de ciudadanos la disfruten. En ningún caso creo en los “parques temáticos”. Esto significa conservar para que vengan los turistas y saquen fotos. Creo que el patrimonio tiene que ser usado.
El "Gran Cañón argentino" está escondido en el norte: la muralla gigante declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco- ¿Qué cosas les recomienda a los tucumanos cuidar como parte del patrimonio?
-Esto es muy personal, pero yo voy a decir algo que no es ningún secreto: Tucumán tiene una identidad muy fuerte, gastronómica, en la forma de usar la ciudad y en sus construcciones. A mí me da la impresión de que, a veces, la gente siente que eso no es patrimonio. Y si el sándwich de milanesa es un patrimonio, las empanadas también lo son. Pero yo diría que la ciudad amerita una mirada amorosa, que recupere ese centro de la ciudad que está perdiendo vitalidad y que, si no se cuida, va a turistizarse o va a hundirse. Entonces, me parece que volver a poner actividades dinámicas y jerarquizadas que permitan a todos los ciudadanos de Tucumán reencontrarse en el corazón de la ciudad es una tarea pendiente y que debería hacerse con prontitud. Esto no es un fenómeno solamente de los tucumanos. La pandemia cambió las formas de trabajar de la gente y las formas de habitar una ciudad, y eso hizo que el centro empezara a perder un montón de actividades complementarias a esa población que iba todos los días a trabajar y estaba todo el día en la calle. Hoy tenemos que repensar eso, porque hay muchas generaciones que apostaron a ese centro de la ciudad, y no podemos darnos el lujo de tirarlo. Hay que reinventarlo, recrearlo, hacerlo amable, atraer a la gente y lograr que sea el lugar de encuentro para toda la población. Que nos permita reconocernos en un punto como parte de un sistema.